Fondo o salvapantallas: qué significa estar quieto
Uno es un archivo que miras; el otro, un programa que arranca cuando ya no hay nadie mirando.
El salvapantallas nació como parche de un problema físico. En los tubos de rayos catódicos, una barra de menú brillante detenida meses en el mismo sitio quemaba un fantasma tenue en el fósforo, así que se le pidió a la máquina que moviera algo tras unos minutos de inactividad. Los paneles planos no retienen la imagen de esa manera, y las tostadoras voladoras devolvieron su turno a una instrucción más simple: a los quince minutos, apagar.
No son objetos del mismo orden. Un fondo de pantalla es un archivo: una imagen en el disco, dibujada detrás de los iconos mientras el escritorio siga a la vista. Un salvapantallas es un programa con temporizador, y el momento en que empieza es el momento en que te has levantado de la silla. Apagar el panel gasta menos que cualquier animación, y por eso casi todos los sistemas eligen hoy dormir y dejar el movimiento como adorno.
Quedan dos razones honestas para conservarlo. Los píxeles OLED envejecen de forma despareja, y algo que se desplaza reparte ese desgaste; además, el salvapantallas que pedía contraseña al despertar fue el primer pestillo de privacidad, tarea que heredó la pantalla de bloqueo. Lo demás es un reparto de papeles que conviene notar: el salvapantallas actúa para una habitación vacía, mientras el fondo es la imagen que de verdad ves, tres segundos cada vez, en el hueco entre una ventana y la siguiente.