Colores que no van dirigidos a nosotros
Una flor es un anuncio escrito para un público con otros ojos, y nosotros pasábamos por ahí.
Las abejas ven aproximadamente de 300 a 650 nanómetros: el ultravioleta entra, el rojo profundo casi no. Muchas flores llevan dibujos ajustados a ese rango — centros ultravioleta oscuros, anillos y líneas que apuntan al néctar —, invisibles para nosotros y tan explícitos para ellas como una señal de tráfico. Fotografía una rudbeckia amarilla y lisa con un filtro UV y aparecerá una diana en el medio, un blanco que llevaba ahí todo el tiempo.
Incluso lo que sí vemos no fue compuesto en nuestro beneficio. El rojo abunda donde polinizan las aves y escasea donde polinizan las abejas, porque la mayoría no distingue el rojo del follaje verde. Las flores blancas que de día parecen mal vestidas suelen hacer el turno de noche, tratan con polillas y pagan en aroma en vez de color. La simetría, los pétalos que sirven de pista de aterrizaje, una aspereza mínima para agarrarse: mobiliario para una visita del tamaño de una uña.
Así que un fondo de flor en macro es correspondencia que abrimos por error, y aun así queda bien. El pétalo llena el encuadre a una escala que ningún insecto llega a percibir, y el patrón que debía guiar un aterrizaje ahora solo ordena la composición. No es mal segundo uso para un mensaje que nunca nos fue enviado.