Estelas de barco: el ángulo que guarda el agua
Vista desde arriba, una embarcación deja una V detrás, y para la mayoría de los barcos en aguas profundas esa V se abre casi al mismo ángulo, vaya a la velocidad que vaya.
Desde un dron o un acantilado, un barco en marcha es un punto pequeño que arrastra dos líneas rectas sobre el agua. En 1887 Lord Kelvin explicó por qué esas líneas caen donde caen: las ondas que genera un objeto en movimiento interfieren y se acumulan a lo largo de un borde situado a unos 19,5 grados a cada lado de su trayectoria. La V completa ronda, por tanto, los 39 grados, y sale parecida para un pato, un ferry o un bote de remos, siempre que el agua sea profunda.
Los barcos rápidos tuercen un poco la regla. Mediciones publicadas en 2013 mostraron que, cuando un casco va lo bastante deprisa para su eslora, la estela se estrecha, y por eso una lancha puede trazar una V más afilada que un ferry. Dentro de la V hay un segundo dibujo, crestas cortas y curvas que cruzan la trayectoria, y justo detrás de la popa una franja de agua blanca donde la hélice ha batido aire dentro del mar. En un día sereno, las dos líneas exteriores siguen legibles a cientos de metros cuando el barco ya se ha ido.
En una fotografía cenital esta geometría compone casi todo. El barco es diminuto, el agua es un campo plano de color y la estela aporta dos diagonales que se escapan del encuadre. En un escritorio, el extremo abierto de la V es la parte que pide espacio, así que una imagen con el barco en una esquina y las líneas abriéndose hacia la otra deja un lado tranquilo para los iconos, con solo azul y las costillas tenues del oleaje.