Calles más antiguas que los mapas
En una ciudad antigua, cada giro equivocado es el callejón favorito de alguien.
Las calles medievales fueron trazadas por burros y agua, por lo que todavía resulta mejor caminar por ellas que cualquier otra cosa planeada desde entonces. La curvatura es la comodidad: las fachadas se inclinan unas hacia otras como si fueran una conversación, y la farola encuentra los mismos rincones desde hace cuatrocientos años.
Esta colección favorece las horas de la madrugada: los adoquines acaban de llover, las contraventanas cerradas y la ventana de una panadería que defiende la civilización.
Estas imágenes funcionan como recuerdos incluso si nunca lo has estado. En algún lugar del cerebro, una calle estrecha y cálida al anochecer se clasifica como "conocido". El papel pintado como nostalgia por lugares que nunca fueron hogar.