Donde la tierra replica
Una costa salvaje es un litigio fronterizo de cuatro mil millones de años, todavía sin resolver.
Las playas mansas son la diplomacia del mar; los acantilados son sus guerras. En una costa salvaje nada ha quedado zanjado: los arcos aguantan hasta que dejan de hacerlo, los farallones resisten mar adentro como retaguardias, y cada temporal de invierno vuelve a dibujar un mapa que nadie tiene permiso para conservar.
Estas fotografías reúnen la primera línea en sus estados de ánimo más grandiosos: espuma trepando veinte metros de promontorio, faros ganándose el sueldo, el mar verde y blanco de furia o aceitosamente en calma y tramando algo.
Para una pantalla, las costas salvajes ofrecen lo que los paisajes ordenados no pueden: la prueba de que el mundo todavía se está decidiendo. Hay mañanas en que ese es exactamente el fondo correcto.