Un color plano y la pantalla pasa a ser el tema
Llena el monitor de blanco, luego de negro, y el panel ya no puede esconderse detrás de la imagen.
Una fotografía le da al ojo un sitio al que ir. Un color plano no le da ninguno, así que la atención baja hasta la superficie misma: una huella cerca de la esquina inferior izquierda, las esquinas medio paso más claras que el centro, una banda vertical tenue que solo aparece sobre el gris. Nada de eso apareció anoche. Estaba también debajo del bosque y de la costa.
El blanco revela el polvo y la retroiluminación desigual, porque los paneles IPS suelen aclararse en las esquinas. El gris medio es donde asoman los defectos más leves, ese moteado que en los análisis llaman efecto de pantalla sucia. El negro es asunto de píxeles sueltos: un subpíxel encendido se lee como un punto rojo, verde o azul, y en un panel de 27 pulgadas a 1440p un píxel mide unos 0,23 mm, lo bastante pequeño para encontrarlo moviendo la cabeza y no fijando la vista. Limpia el cristal antes, o la tarde se irá en diagnosticar una mancha.
Casi todo lo que aparece es una tolerancia más que una avería. El fabricante admite unos cuantos píxeles atascados antes de considerar defectuoso un panel, y el brillo de las esquinas es una propiedad de la retroiluminación, no un accidente. Saber dónde están los tuyos tiene una utilidad discreta: dejas de confundirlos con motas sobre una foto. El relleno liso además aguanta unos días como fondo, con los iconos apoyados en nada en particular.