Casi nada, con cuidado
El minimalismo no es la ausencia de cosas. Es la presencia de exactamente una.
Una fotografía minimalista es fácil de imitar y difícil de lograr. Lo vacío es sencillo; lo justo es difícil. La diferencia está en la intención: un horizonte colocado con precisión, una pared que se encuentra con una sombra, nada más invitado.
Los encuadres de aquí conservan un único sujeto y le ceden todo el lienzo. Esa generosidad de espacio es el punto entero: la vista descansa, y lo que se apoye encima del fondo —iconos, reloj, notificaciones sin leer— de pronto parece curado en vez de amontonado.
Si tu pantalla de inicio se siente ruidosa últimamente, esta colección es el equivalente visual de despejar el escritorio. Diez minutos de orden, sin necesidad de ordenar nada.