La escala al 150% y lo que nunca toca
Todo crece en el escritorio menos la imagen que hay debajo.
Pon un panel 4K al 150% y el escritorio se recompone en un segundo: los iconos engordan, las etiquetas se vuelven más gruesas, las carpetas recuperan el sitio que tenían en una pantalla pequeña. Parece un cambio de tamaño general, así que la sospecha llega enseguida: el fondo también habrá sido estirado.
No lo fue. La escala es una aritmética aplicada a la interfaz, una forma de avisar al sistema de que una unidad dibujada debe cubrir ahora más píxeles físicos. El fondo se pinta por debajo de ese acuerdo, con el recuento propio del panel, los 3840 por 2160 completos. Lo que sí ablanda una imagen es elegirla por la cifra que la configuración muestra después de escalar: un archivo de 2560 por 1440 sobre un panel 4K, ampliado a la mitad más antes de llegar al cristal.
De modo que la medida que conviene igualar es la de la caja, no la del panel de ajustes. El cambio real de la escala es de convivencia: los iconos ocupan más marco y una fotografía cargada pierde las esquinas con las que contaba. Al 150%, las imágenes tranquilas aguantan mejor, no porque tengan más detalle sino porque pueden permitirse ceder los bordes.