¿Se marca la pantalla si nunca cambias el fondo?
El burn-in necesita tres cosas: un panel OLED, un patrón fijo y brillante, y tiempo. El escritorio aporta las tres sin que se lo pidan.
En una pantalla OLED cada píxel produce su propia luz y envejece según la cantidad que ha producido. Una imagen que nunca se mueve envejece sus píxeles de forma desigual, y pasado bastante tiempo esa diferencia asoma como un fantasma tenue sobre un fondo liso. Los paneles LCD no funcionan así y quedan prácticamente fuera de la discusión, de modo que la respuesta depende antes que nada del panel que tengas delante.
Aun así, el fondo rara vez es el peor culpable. La barra de tareas, el dock y una columna de iconos ocupan exactamente el mismo sitio todo el día y con mucho contraste, mientras que la imagen de detrás al menos queda tapada cada vez que se abre una ventana. Lo que sube el riesgo es el brillo alto sostenido durante horas, un patrón contrastado de bordes duros y la misma imagen dejada en su sitio durante meses.
Las contramedidas son poco dramáticas: baja un punto el brillo, oculta la barra que nunca se mueve y deja que el fondo rote cada uno o dos días para que ningún borde se quede sobre los mismos píxeles. Una imagen más suave, sin fronteras duras, resulta además más llevadera para trabajar delante de ella. Rotarla tiene menos que ver con el panel que con no mirar lo mismo durante toda una estación.