Lo que el modo oscuro le pide a un fondo de pantalla
Cuando la interfaz se oscurece, la imagen de detrás es lo único grande que sigue emitiendo luz.
El modo oscuro suele adoptarse para descansar la vista de noche, y suele quedar anulado por un fondo demasiado claro. Las ventanas y los paneles bajan casi al negro mientras el fondo se queda en el brillo del mediodía, así que el escritorio acaba con más contraste que antes, no con menos. El desajuste se nota sobre todo en el instante en que cierras la última ventana.
La medida útil es el brillo medio de la imagen, no su tema. Una calle nocturna, un bosque en penumbra, un estudio en blanco y negro o un degradado profundo se sitúan cerca de la interfaz y dejan que la mirada se mueva sin saltos. Lo que casi nunca funciona es una foto ocupada en su mayor parte por el cielo: incluso un cielo cubierto es mucho más luminoso que cualquier panel oscuro que tenga al lado.
Aun así conviene dejar algo de luz dentro del encuadre para que la pantalla no se convierta en un rectángulo plano de gris. Una ventana encendida, un reflejo, una cresta pálida bastan para dar a la imagen adónde ir. El modo oscuro no pide una foto oscura, sino una que ya haya ido al mismo sitio al que fue la interfaz.