Rellenar, ajustar, estirar: cuatro destinos para una misma imagen
El pequeño desplegable del selector de fondos decide qué se recorta, qué se rellena con barras y qué se deforma sin avisar.
Rellenar amplía la imagen hasta cubrir la pantalla y deja que lo sobrante salga del encuadre. Ajustar conserva la foto entera y tapa el resto con barras. Estirar no recorta ni deja negro, a cambio de cambiar la forma de todo lo que hay dentro.
La aritmética es más franca que las palabras. Una foto 3:2 en una pantalla 16:9 tiene que perder cerca de un sexto de su altura para cubrirla, normalmente repartido entre arriba y abajo, y por eso el cielo se acorta y el horizonte se desplaza. Estirar, en cambio, ensancha el mismo archivo alrededor de un dieciocho por ciento: los círculos se vuelven óvalos, las caras engordan y nada parece roto hasta que uno se da cuenta de que sí lo está.
Rellenar es el valor seguro, y la manera de convivir con él es elegir imágenes cuyo motivo no toque los bordes superior e inferior. El mosaico pertenece a las texturas sin costuras y el centrado a las imágenes pequeñas que preferirías no ampliar. Más que una preferencia, el ajuste es una decisión sobre qué parte de la fotografía estás dispuesto a perder.