Naturaleza muerta, actualizada
El siglo diecisiete pintaba frutas y calaveras. Nosotros fotografiamos escritorios y café. El género sobrevive.
Una superficie ordenada, luz cálida, una taza colocada como si significara algo: la naturaleza muerta nunca murió, solo cambió de utilería. Estas escenas interiores tranquilas obedecen las reglas de siempre: luz de un solo lado, texturas que conversan entre sí, una disposición que insinúa a alguien que acaba de salir de cuadro.
Elegimos encuadres con calma genuina en vez de esterilidad de sala de exposición. Algo de veta de madera, una planta claramente real porque necesita agua, luz de mañana con motas de polvo dentro.
Hay una recursión agradable en un fondo de escritorio sobre una pantalla de trabajo: un escritorio detrás de tu escritorio, más ordenado que el tuyo, dejando la puerta abierta a la versión del día en que todo sale bien.