Traje formal, aves informales
Los pingüinos se visten para una ocasión que nunca llega, y mantienen un excelente ánimo al respecto.
Es imposible fotografiar mal a un pingüino aunque uno se lo proponga. El frac hace la mitad del trabajo; el contoneo hace el resto. Y aun así, las grandes fotografías de pingüinos no son comedias: son retratos de grupo de la resistencia, apiñamientos contra el viento catabático, una fila de viajeros cruzando hielo que llega hasta el horizonte.
Esta colección mantiene ambas verdades: la dignidad cómica de cerca, la escala épica detrás —miles de puntos negros sobre blanco, cada uno un argumento contra el frío.
Como fondo de pantalla, los pingüinos ofrecen lo que pocos temas logran: un ánimo que mejora de forma fiable con cada desbloqueo. La ciencia al respecto es informal pero, en nuestra experiencia, concluyente.