Ríos de faros
Deja el obturador abierto y el tráfico confiesa lo que en realidad es: una corriente.
Párate en un puente en hora punta con la cámara en un trípode, y la peor parte de la vida urbana se vuelve líquida. Ocho segundos de exposición y las luces de freno se trenzan en un río rojo, los faros en uno blanco, fluyendo en direcciones opuestas por el mismo cauce. Nadie ahí abajo disfruta el trayecto; todo el que está aquí arriba puede ver que en secreto es hermoso.
Las fotografías de estelas de luz son el tiempo hecho visible: cada trazo es un desconocido yendo a alguna parte, comprimido en un solo gesto. Un cruce se convierte en caligrafía. Una rotonda dibuja su propio halo.
Como fondos de pantalla tienen una honestidad peculiar: tu día probablemente incluye ese mismo tráfico. Mejor quedarse con la versión de ocho segundos, donde ya se ha convertido en pintura.