Existe una altitud concreta en la que el clima deja de ser tu techo y se convierte en tu suelo. Las cumbres y los vuelos largos lo saben bien: un mar de nubes ininterrumpido debajo, plano como un horizonte, con picos asomando como islas que pidieron privacidad.
Todo en esta colección se disparó desde ese lado de arriba, casi siempre al amanecer, cuando el mar de nubes toma color como el agua toma tinte: primero peltre, luego rosa, luego un oro que se fotografía casi con sonido.
El atractivo en una pantalla es francamente aspiracional. Por encima del clima es adonde todos intentan llegar para el viernes. Aquí está, en la pantalla de bloqueo, a modo de adelanto.