Dunas: geometría sin arquitectos
Nada diseñó el desierto, y se nota: es demasiado seguro de sí mismo.
Una duna es el aspecto que tiene el viento cuando se queda quieto. Cada cresta de estas fotografías es una ráfaga congelada; cada sombra, un reloj de sol que solo marca una hora, y en algún punto de la ladera siempre es la hora dorada.
Los desiertos se fotografían como un minimalismo que llegó antes que nadie. Dos tonos, una línea, ningún desorden: el mismo vocabulario que los diseñadores tardan carreras enteras en aproximar, trazado a mano alzada por el clima durante diez mil años.
Como fondo de pantalla, las dunas son discretamente prácticas: la arena de bajo contraste disimula las huellas dactilares en una pantalla mate y favorece tanto los iconos claros como los oscuros. Serenidad con utilidad, que ya es más de lo que logra la mayoría de la decoración.