Cuánto debe pesar un fondo de pantalla
La compresión se delata primero en el cielo, nunca en las hojas.
El fondo de pantalla es la imagen que más veces miras y la que menos observas. Ocupa la pantalla entera detrás de todo, quieta, sin pie de foto y sin otra imagen al lado que sirva de comparación. Es una manera exigente de exponer una fotografía: cualquier defecto del archivo tiene el día entero para aparecer, casi siempre en el segundo que va de cerrar una ventana a abrir la siguiente.
La compresión se rompe donde la imagen es más suave. Un cielo al anochecer, una pared desenfocada, la niebla que se diluye hacia el horizonte: son degradados largos, y un archivo pequeño los convierte en escalones, en bandas tenues que el ojo encuentra una vez y ya no deja de encontrar. Un bosque, en cambio, absorbe la misma compresión sin quejarse, porque las hojas son ruido y el ruido tapa sus propias huellas. La fotografía callada es la cara.
Así que el trato no es tamaño contra calidad, sino tamaño contra vacío. Unos megabytes no significan nada en un disco donde duermen cien mil fotos, y ante un degradado conviene quedarse con la versión grande, a la resolución del propio monitor, guardada una sola vez y no vuelta a guardar. En un escritorio la calidad no es nitidez: es que el ojo no encuentre nada que rascar mientras espera.