Sombras de nubes que caminan por el suelo
La única parte del tiempo que aterriza, y nunca se queda quieta.
En campo abierto importan menos las nubes que lo que dejan caer. Una sombra cruza la ladera a la velocidad del viento, le quita el color a un prado durante un minuto y luego se lo devuelve. Las fotos de esto siempre salen un poco equivocadas, porque detienen justo lo que estaba en movimiento.
Son las sombras las que acaban construyendo la profundidad. Suelo iluminado y suelo oscuro se alternan en franjas, y el ojo lee esas franjas como distancia aunque el terreno sea plano. El color también se parte en dos: las zonas en sombra tiran a azul, las soleadas siguen cálidas, y así un mismo encuadre sostiene dos temperaturas sin parecer retocado.
En una pantalla las manchas oscuras resultan ser lo útil. Los iconos se apoyan ahí sin pelearse con nada, y la imagen queda a media luz en lugar de brillante, algo que se aguanta mejor detrás de una jornada de trabajo. Parece un sitio donde el tiempo todavía no ha decidido.