El control de brillo no oscurece la imagen por igual. Si reduces la retroiluminación a una quinta parte, la luz alta baja con ella, pero las sombras ya estaban apenas unos pasos por encima del negro, y esos pasos caen por debajo de lo que el ojo puede separar. Lo primero que se pierde es el suelo de la foto: aquello que a pleno brillo mostraba ramas y hojas se convierte en una sola mancha oscura.
Lo que ocurre después depende del panel. Un LCD deja escapar algo de retroiluminación por sus píxeles negros, así que al bajar el brillo las zonas oscuras quedan grises y algo lechosas, no vacías; un OLED apaga esos píxeles y conserva el negro, pero luego le cuesta mantener separados los escalones cercanos al negro. El ojo también cambia de turno: de noche mandan los bastones y el rojo se apaga antes que el azul, de modo que el mismo archivo se ve más frío y más plano.
Los fondos que aguantan la noche están construidos sobre tonos medios: niebla, luz de día nublado, un muro en sombra, un anochecer que tarda en volverse negro del todo. Deja las tomas de sombra profunda para una habitación iluminada. En una pantalla bajada hasta poder leer sin molestia, una imagen con sitio donde asentarse en la zona media conserva casi todo lo que era.