Pueblos que miran al agua
Una ciudad portuaria es una negociación: el mar propone, las casas responden en color.
Las ciudades costeras se pintan de colores brillantes por razones prácticas que se convirtieron en estéticas: los pescadores encuentran sus casas en la niebla, los barcos combinan con los colores de la familia. Siglos después, la pintura permanece y los fotógrafos llegan al amanecer para recoger el interés.
Estos marcos reúnen fachadas apiladas, mástiles en silueta, el agua del puerto haciendo su lento movimiento de colores reflejados. Escenografía a escala humana: nada de monumentos, sólo decisiones acumuladas que resultaron hermosas.
Como fondos de pantalla son una compañía más cálida que un paisaje puro: evidencia de personas, sin personas. Una ventana iluminada en una fotografía vale una determinada cantidad por píxel, y éstas son ricas en ellos.