Un fondo distinto para cada escritorio virtual
Cambiar de escritorio va más rápido cuando cada uno tiene un color que responde por él.
Windows y macOS permiten que cada escritorio virtual conserve su propio fondo, y en los dos la opción está lejos del panel de personalización. En Windows 11 vive en la Vista de tareas: clic derecho sobre la miniatura de un escritorio y allí se elige el fondo. En macOS hay que pasar primero a ese Space y poner la imagen como siempre, y se queda solo detrás de ese Space.
Vale la pena porque reconocer va por delante de leer. Un título de ventana pide un instante de lectura, mientras que un campo verde o un muro de hormigón gris ya quedó registrado antes de terminar el gesto. Conviene que el brillo del conjunto sea parecido para que el cambio no dé destellos, y dejar que identifique el tono: uno frío, uno cálido, uno casi neutro.
Funcionan mejor las imágenes de centro tranquilo, porque cada escritorio sigue teniendo que sostener iconos y ventanas en mitad de la pantalla. El detalle empujado hacia los bordes aguanta esa tapadera mejor que un motivo aparcado justo en el medio. Tres escritorios, tres imágenes, y lo único que queda por recordar es hacia qué color ibas.