La mayoría del paisaje es un asunto terminado: montañas que ya dejaron de crecer, valles que ya dejaron de ahondarse. El terreno volcánico es la excepción: cortezas que se enfriaron dentro de la memoria viva, respiraderos que siguen exhalando, laderas en colores minerales que parecen prestados de otro planeta con mejores pigmentos.
Este conjunto recoge las secuelas más que la erupción: playas negras, musgo tomando su primer punto de apoyo verde sobre un campo de lava, pozas geotérmicas rodeadas de un naranja improbable.
Hay algo extrañamente reconfortante en usar la creación en bruto como telón de fondo. El suelo de estas imágenes es más joven que algunas de tus aplicaciones, y le va bastante bien.